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lunes, 22 de abril de 2013

Adiós a un líder revolucionario

A sus 58 años y por 2 luchó contra una de las más duras enfermedades, el cáncer. Uno de los más grandes líderes a nivel Latinoamericano, creador de la Revolución Bolivariana, Hugo Rafael Chávez Frías quien estuvo como presidente por 14 años de Venezuela. El sueño de su niñez fue ser beisbolista o pintor, pero al ingresar a las fuerzas Armadas descubrió que su vocación era ser militar.


Calificado por unos como demócrata altruista y criticado por otros como dictador populista. Pero lo que sí puedo afirmar es lo siguiente, sí hubo una revolución, cambió mucho Venezuela no solo a nivel económico sino a nivel social y político, muchos simpatizantes de su ideología, partido y del ser humano y líder, lloran y lamentan su muerte, mientras que algunos celebran su deceso o quizás sientan alivio por los futuros cambios del país petrolero, como afirma uno de los emigrados en Miami quien se alegró por su muerte. A pesar de ser tildado Chávez como dictador. Nacionalizó amplios sectores de la economía y dio un giro a la democracia.

Chávez siempre se caracterizó por lograr que su discurso sobre el “Socialismo del siglo XXI” y se propague por toda la región. No sólo murió un Presidente en funciones y recién electo, Hugo Chávez, murió un líder, quien no se posesionó legalmente como presidente para sus último periodo del cual fue reelegido.

El perfil del revolucionario Chávez es político. Los latinoamericanos que se ubican

en la izquierda los que mejor valoración tienen de él y los que se ubican en la derecha los que tienen la menor. Eso sucede independientemente del país. Su lucha ha sido ideológica y como tal se ha posicionado en los pueblos de la región.

Su legado quedó en la historia. Duelo por 3 días en nuestro país y en la mayoría de países latinoamericanos también, en Venezuela hay duelo por 7, millones de venezolanos acuden a ver el féretro de Chávez así sea por 10 segundos, y darle la última despedida, de quien hizo cambios radicales en su país, y por quien hizo respetar.

Mi opinión como universitaria cristiana, a pesar que Hugo Chávez también era muy entregado a la religión, pero solo Dios sabe hasta cuándo un ser humano está en el poder de un país. Los chamos, lloran su partida y quienes en su gran parte afirman que su comandante se convirtió en un pueblo y continúa en todos los corazones.

martes, 18 de septiembre de 2012

Pininos

Resulta muchas veces difícil encontrar la manera de hacer periodismo y en mí influye tanto la falta de tiempo, estudio en dos lugares al mismo tiempo y lo hago por ser mejor cada día. Hace unos meses me hicieron una propuesto para participar en Arte Total, me gustó muchísimo la propuesta, de hecho la acepté pero no se organizaron para mis textos.
Ahora estoy en mi nueva etapa, de colaboradora para la Revista La U, podrá ser sin paga, pero así empieza mi labor periodistica, simplemente será un gateo, que espero compartir. Gracias a la Revista por abrirme sus puertas

miércoles, 29 de agosto de 2012

Entrevista

El lunes de esta semana, todo iba bien, al menos así lo creía yo, hasta que mi profesor, que a pesar de ser odioso, mala gente, cortante y medio idiota, si lo quiero (porque me puso diez al final del semestre).
Cuando el profe llega, y lo recibo tal cual y como el chavo (pero no con un golpe) sino con mi típica risa media malvada y burlona que tengo... Mi noche iba perfecta, hasta que mandó a hacer un deber... Escogió jefes de grupo (que ningún coordinador me gustaba para estar al mando de ellos) y como todos eran hombres, se me ocurrió opinar y decir: Ay profesor, no me parece que todos sean hombres, y me pusieron jefa de un grupo, el deber aun no lo habían dicho, consiste en el análisis profundo del nuevo proyecto de ley de Comunicación, que consiste en 127 artículos mas 16 disposiciones transitorias, que las tienes que saber al pie de la letra, por lo tanto, tenemos que hacer entrevistas; el primer grupo tenia que hacerle una entrevista al Secretario de Comunicación del Estado (que vive en Quito) a mi grupo nos tocó el Asambleísta de Alianza País, Rolando Panchana, que también vive en Quito, el profesor, quiere la entrevista, o nos deja de año. Entonces yo dije, chevere me toco Rolando Panchana, amigo de mi papa, de hecho mi papa trabajó 5 años para él, entonces mi vida está arreglada, el profesor me amará y se querrá casar conmigo (hablando hipoteticamente), pero cuando llegue a casa le conte a mi papá y el me supo responder, cuando se fue del canal, perdí su numero... Su cuenta twitter, no la actualiza desde el 2011, no tengo como contactar, quiere decir que si no me toca viajar a Quito tendré que buscar al dichoso Asambleísta hasta en Londres, donde está Assange.... Un estrés que me tendrá cabezona hasta el miércoles que presentaré mi vídeo, redacción y exposición.
PD: para variar tengo mis dichosos cólicos que me acompañaran toda la vida, jaja

domingo, 10 de junio de 2012

Un nuevo reto

Mi mamá adora tenerme en mi casa, que haga los quehaceres del hogar (cocine, lave, planche, barra, limpie la casa); algo que detesto realizar, pero por el hecho de ser mujer, me toca y tengo que saber como se hace.
No me deja trabajar, porque sigo un curso de inglés, de prestigio internacional que a la pobre le ha costado dos mil dolares y debo entender que por eso no me deja. La amo por eso y gracias, en fin... 
Un grupo de amigos que tienen un programa de Arte, denominado Arte Total, me comunicaron que me tenían como candidata para formar parte de su grupo, en lo personal no me gusta la radio, amo la television y mi pasión es escribir... la propuesta fue de ser su redactora del blog, escribir todos los días del programa, de los especiales, de los invitados... Practicamente es trabajar bajo presión, algo que me encanta, amo vivir con la presión, saber que el tiempo esta en mi contra, algo que una persona normal detestaría, pero yo soy loca y me defino así! Todo ser humano tiene algo de loco, entonces queda a asumir ese reto de redactora, luego elegiré a alguien que me ayude y pasare a ser su jefa, no quiero saber quien pueda ser, porque conmigo tendrá que hacer bien las cosas.

jueves, 17 de mayo de 2012

La fotografía de la pesadilla

EN HOMENAJE A KEVIN CARTER, PREMIO PULITZER.






Escrito por: 
Jhon Carlin. 18-03-2007


La camara funciona como barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión.
Un hombre blanco perfectamente bien alimentado observa cómo una niña africana se muere de hambre ante la mirada expectante de un buitre. El hombre blanco hace fotos de la escena durante 20 minutos . No es que las primeras no fueran buenas, es que con un poco de colaboracion del ave carroñera le salía una de premio seguro. Niña famélica con nariz en el polvo y buitre al acecho: bien; no todos los días se conseguía una imagen así. Pero lo ideal sería que el buitre se acercara un poco más a la niña y extendiese las alas. El abrazo macabro de la muerte, el buitre Drácula como metáfora de la hambruna africana.!Ésa sí que sería una foto! Pero el hombre esperó y esperó, y no pasó nada. El buitre tieso como si temiera hacer huir a su presa si agitara las alas. Pasados los 20 minutos, el hombre, rendido, se fue.
No se debería de haber desesperado. Una de las fotos se publicó en la portada de The New York Times y acabó ganando un premio Pulitzer. Pero incluso así se desesperó. Y mucho. El hombre blanco era un fotógrafo profesional llamado Kevin Carter. A los dos meses de recibir el premio en Nueva York se suicidó.
Hay dos preguntas. La primera, ¿por qué se suicidó? La segunda, ¿por qué no ayudó a la niña? La respuesta a la primera es relativamente fácil. La respuesta a la segunda es más interesante. Remontemos.
Kevin Carter nació en Suráfrica en 1960, dos años antes de que Nelson Mandela empezara su condena de 27 años de cárcel. Al llegar a la adolescencia empezó a entender que ser blanco en Suráfrica significaba ser una de las personas más privilegiadas de la Tierra y, al mismo tiempo, cómplice de una atroz injusticia. Cumplidos los 24 años, Carter descubrió que el periodismo era el terreno donde libraría su guerra particular contra el apartheid.
Comenzó su carrera en 1984, cuando las poblaciones negras en las periferias de las grandes ciudades -como Soweto, que estaba al lado de Johanesburgo- se convirtieron en campos de batalla. Jóvenes militantes negros, cuya única fuerza residía en su ventaja numérica, lanzaban piedras a los policías y a los soldados, que respondían con gases lacrimógenos, balas de goma o balas de verdad. Cientos murieron, miles fueron encarcelados. Soweto ardía, y allá, casi permanentemente instalado, estaba Carter, fotógrafo novato de The Johannesburg Star, expiando su culpa.
La gran ironía de la historia reciente de Suráfrica es que cuando salió Mandela de la cárcel en 1990, cuando empezó el proceso de paz que condujo cuatro años después a la democracia, se desató una violencia mucho mayor. Durante casi la totalidad de aquellos cuatro años, Soweto y otra media docena de poblaciones negras en los alrededores de Johanesburgo vivieron una anarquía asesina demencial, nutrida por opositores al proyecto democrático, en la que murieron unos 12.000. Allí, una vez más, estaba Carter. Todos los días. Se presentaba temprano por la mañana a los campos de la muerte, como se presentan los oficinistas a sus lugares de trabajo.
Yo también me presentaba allí, pero con menos frecuencia y más tarde. Siempre que llegaba a estos lugares, en pleno tiroteo o minutos después de una masacre, ahí veía a Kevin Carter, sudado, polvoriento, bolso sobre el hombro, cámara en mano. A él y a sus tres amigos fotógrafos, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y João Silva. Les llamaban a los cuatro “el Bang Bang Club”. Hacían fotos espeluznantes y se exponían a peligros extraordinarios. Yo había llegado a Suráfrica en 1989 tras seis años cubriendo las guerras de Centroamérica. Vi pronto que daba mucho más miedo estar en 1992 en un lugar como Tokoza o Katlehong, a escasos kilómetros de Johanesburgo, que en 1986 en los frentes del oriente de El Salvador o el norte de Nicaragua. Porque en los lugares donde los negros, animados por los blancos, se masacraban podía pasar cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar. Con un Kaláshnikov, una lanza, un machete o una pistola. Ahí trabajaba Carter. Ahí se pasaba desde las cinco de la madrugada hasta el mediodía haciendo fotos de gente matando y de gente muriendo.
Para poder hacer ese trabajo es necesario blindarse, armarse de una coraza emocional. No se puede responder a lo que uno ve como un ser humano normal. La cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión. Carter y sus tres camaradas dormían poco, además, y consumían drogas de todo tipo. Pasaban sus días y sus noches en un acelere mental y en un estado de anestesia emocional casi permanentes. Si se hubiesen detenido un instante a reflexionar sobre lo que hacían, si hubiesen permitido que los sentimientos penetraran la epidermis, habrían sido incapaces de hacer su trabajo. El entorno era alocado, pero el trabajo era importante. Si se hubieran quedado en sus casas o se hubieran expuesto a menos peligro, habría habido más muertos, menos presión política para acabar con la violencia. Ésta era la contribución de Carter a la causa de sus compatriotas negros.
En marzo de 1993 se tomó unas vacaciones de Tokoza y Katlehong y se fue a Sudán. Ahí, apenas aterrizar, es donde vio a la niña y el buitre. Respondió con el frío profesionalismo de siempre. No habría podido elegir otra manera de actuar. Estaba programado, anonadado. El único objetivo era hacer la mejor foto posible, la que tuviera más impacto. Ahí empezaba y terminaba su compromiso. La lógica era muy sencilla: si hacía una foto potente, se beneficiaría a sí mismo, pero también ampliaría la sensibilidad de los seres humanos en lugares lejanos y tranquilos, despertando en ellos aquella compasión -precisamente- que en él estaba necesariamente adormecida.
Por eso no hizo nada para ayudar a la niña. Porque si la hubiera ayudado, no habría podido hacer la foto. Porque había llegado al límite de sus posibilidades.
El problema era que la gente normal, empezando por su propia familia, no lo entendía. Fuera donde fuera, le hacían la misma pregunta. “Y después, ¿ayudaste a la niña?”. Se convirtió en un agobio, una pesadilla. Los únicos que no le hacían la pregunta, porque para ellos no era necesario hacerla, eran los amigos del Bang Bang Club.
En abril de 1994 le llamaron desde Nueva York para decirle que había ganado el Pulitzer. Seis días después, su mejor amigo, Ken Oosterbroek, murió en un tiroteo en Tokoza. Toda la emoción reprimida a lo largo de cuatro años salvajes explotó. Carter se quedó destruido. Lloró como nunca y lamentó amargamente que la bala no hubiera sido para él.
El mes siguiente voló a Nueva York, recibió el premio, se emborrachó, incluso más de lo habitual, y volvió a casa. La guerra se había terminado. Mandela era presidente. Suráfrica tuvo su final feliz, pero la vida de Carter dejó de tener mucho sentido. Quizá en parte porque el peligro de la guerra había sido su droga más potente, la que le había creado mayor adicción. Siguió trabajando, pero, perseguido por la muerte de su amigo y -ahora que se había quitado la coraza- la angustia moral retrospectiva de la escena con la niña sudanesa, se hundió en una profunda depresión. No podía trabajar, o si lo intentaba, caía en errores absurdos. Llegaba tarde a entrevistas, perdía rollos de fotos que ya había hecho. Y tenía problemas en casa: deudas, desamor…
El 27 de julio de 1994, exactamente tres meses después de las primeras elecciones democráticas de la historia de su país, Carter se fue a la orilla de un río donde había jugado cuando era niño, antes de que supiera lo que era el apartheid, el sufrimiento, la injusticia. Y ahí, por fin, dentro de su coche, escuchando música mientras inhalaba monóxido de carbono por un tubo de goma, logró la paz, la anestesia final de la muerte.



Los límites y el periodista

"No hay mal que por bien no venga". En algunas ocasiones el ser humano se enfoca en un problema del que quizás no se pueda salir, pero siempre existe la solución de las adversidades y se debe pensar en el futuro, que muchas veces resulta ser lo que menos esperamos.
La clave del éxito consiste en la humildad y el conocimiento. No es necesario ser grande para ser humilde, sino ser humilde para ser grande.
De las diferentes maneras de comunicación, hay algunas maneras de aprender lecciones de vida, a través de vídeos, fábulas, cuentos, experiencias o simples vivencias nuestras.
Los sueños son iguales a metas, por lo tanto es primordial que se enfoque claramente lo que se quiere realizar, puesto que no existen límites y nada es imposible.
En la vida periodística se debe ser muy cauteloso al momento de emitir una noticia o cualquier tipo de investigación, en la actualidad el mundo se ha vuelto muy inhumano al momento de recibir información. Al perceptor le gusta muchas veces el sensacionalismo y el amarillismo, pero lamentablemente eso vende y olvidamos la esencia del ser humano.
La carrera del periodismo es muy amplia e ingrata, no siempre el periodista debe ayudar o suponer la función de junta de beneficencia. El objetivo del periodista es informar y ser mediador para que el mensaje llegue de manera efectiva.

martes, 24 de abril de 2012

Creencias mortales

Un trabajo de la universidad, recopilaciones de diferentes trabajos.

El pasado domingo 15 de abril, sucedió un accidente de tránsito en el Km. 20 vía a la Costa, un bus de transportación personal, trasladaba a miembros de la Iglesia Testigos de Jehová, se salió de la pista y se estrelló aparentemente con un árbol, dejando hasta el momento la muerte de 10 personas y más de 30 heridos.
En el bus se trasladaban alrededor de 45 personas, según testigos regresaban de una convivencia en Chongón, personas que se transportaban en el bus, el conductor se encontraba en estado etílico por lo que habría ocasionado el lamentable suceso.
La polémica de esta tragedia se dio por la creencia de no permitir la transfusión de sangre por parte de los accidentados y familiares que según su religión no es permitido este proceso, que en algunos casos les hubiese salvado la vida de estas personas.
En base a esto se realizó una investigación en que se enfocó varios aspectos, como: legal, científico, sociológico y religioso (católico).
En el plano legal, la Constitución de la República del Ecuador en el Art. 66 reconoce los derechos a la libertad de culto, a decidir por su vida o profesar alguna religión dentro del respecto de los derechos humanos.
Decidimos consultar al Dr. Ramón Saltos, Secretario Sexto de Garantía Penales del Guayas, el nos informó que en este caso las personas están en pleno derecho constitucional de decidir o no la transfusión de sangre, mientras que el Ab. Luis Mata y Fernando Perlaza coincidieron con este criterio y agregaron que no habrá ningún perjuicio para médicos, ya que sus familiares o personas afectadas decidieron seguir sus doctrinas.
En el ámbito científico (médico), la Dra. Amalia Suárez, analista Bioquímica del Hospital Universitario de Guayaquil, estableció que cuando a un paciente el nivel de glóbulos rojos es menor al 25%, los doctores determinaron realizar una transfusión de sangre de las personas accidentadas era por debajo del 25%, por lo que ameritaba la práctica de transfusión de sangre que les pudo salvar la vida.
La Dra. Fátima Faraud, Directora Técnica de la institución antes mencionada dijo: “Nosotros los médicos nos formamos para salvar vidas, se nos escapó de las manos este tipo de situaciones” y agregó que se deberían implementar una ley para que las personas no se nieguen a realizarse una transfusión de sangre por motivos ideológicos.
En el aspecto sociológico, existen dos posturas. La opinión del sociólogo Miguel Ángel Illingworth nos da a conocer que la creencia de los Testigos de Jehová está basada en la enseñanza de la segunda venida de Cristo, el milenarismo y el Reino de Dios que predican una serie de eventos que han sido propuestos en la Biblia. Además, considera a los Dioses o a Dios como producto de lo que se pudiera denominar la imaginación colectiva de una sociedad. En cambio el sociólogo Homero Ramírez afirma que la religión está siempre presente para todos los humanos y que se rigen a las reglas de sus doctrinas en las cuales esperan que después de la muerte tengan la vida eterna.
El hecho de la transformación de sangre juega el papel importante para los Testigos de Jehová, porque si ellos acceden a la transfusión de sangre, pueden recibir los pecados de las personas donantes ya que ellos después del bautismo son “puros”.
Estando en juego dos materias importantes para el ser humano: la razón y los sentimientos, puesto que todo el mundo ama la vida, pero más se aferran a las creencias que a la vida, con tal de ganarse un puesto en el cielo.
En el marco religioso (católico). El padre Rómulo Aguilar, Rector de la Catedral Metropolitana San Pedro, afirmó: “bajo ninguna razón teológica, filosófica, científica o creencia, justifica el suicidio de una persona. Y que debería existir una prohibición así como las personas aceptan antes de morir el donar órganos “
Además añadió,  para la religión católica el impedir la transfusión de sangre sería un pecado, los Testigos de Jehová lo hacen por agradarle a Dios y él será el encargado de juzgarlos, para ellos están la obediencia.
Estas son unas de las diferentes posturas, que de alguna manera u otra han ocasionado una gran polémica, respecto a las creencias que siguen los Testigos de Jehová y del dilema entre la ideología  y los sentimientos.

miércoles, 11 de abril de 2012

EL BUEN PERIODISTA ELABORA CONOCIMIENTOS Y LOS COMPARTE


Periodista que no informa de manera correcta, veraz y precisa, no es periodista. 



Según el criterio de Jack Fuller, la clase de periodistas que necesitan los medios son aquellos que tienen como consigna dar mucho más que sólo noticias.
“Pensar las noticias hasta llegar al abordaje correcto de las historias. No basta con recibir una educación rigurosa y especializada”, ya que esto no garantiza que el periodista vaya más allá del simple hecho. 
Adicional a esto adjunta el Pulitzer norteamericano (Fuller) que se necesita profesionales que puedan persuadir a los científicos y al publico por igual. Porque se debe usar un lenguaje sencillo que simplifique lo complejo y convierta lo difícil en textos que todos puedan utilizar.
Fuller concluye que esto es lo que se llama escribir bien: con gracia, sorpresa y suspenso.


Puse la imagen de esta periodista, porque prácticamente rodea todo, fotógrafa, de guerra todo terreno, sofisticada y sobre todo UNA DAMA... Décadas anteriores, para el sexo femenino era muy dificil ser periodista o involucrarse con alguna carrera. Pero en el siglo XXI, hemos (y me incluyo) demostrado que podemos ser mas capaces que el sexo opuesto (sin ofender a los hombres), sin embargo muchas veces es así, de vez en cuando, por ser mujeres podemos llegar más allá. Pero no abusemos de ese don que tenemos... ni tampoco sobrepasemos los límites. Ser periodista, es la profesión más hermosa, a pesar de ser la más ingrata.